Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!
Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo.»
sábado, 13 de abril de 2013
lunes, 8 de abril de 2013
Sin pena ni gloria.
Hablo mucho y digo poco. Hablo por hablar.
Critico cuando nada evoco. Y moriré sin más.
No sé cuántas veces habré tirado el dado del azar.
Sólo sé que en este arrebato de humildad, también; hablo mucho y digo poco. Hablo por hablar
Las noches pasan cada vez más lentas, los días por igual.
Y aquí sigo, esperando un golpe de suerte que dfícilmente va a tocar.
Pasaré sin pena ni gloria por la historia de este mundo, cómo aquella estrella; sutil, fugaz.
Porque como siempre, hablo mucho y digo poco. Y a veces, digo sin hablar.
No necesito el calor de tu llama, ni las risas de verdad.
Tan sólo quiero decir un poco más sin si quiera hablar.
Y las horas se escurren entre los dedos de mis pies, como arena de las playas de un ayer en el olvido.
Y aquí os dejo, testimonio de lo vivido, palabras que el viento un día se llevará.
Critico cuando nada evoco. Y moriré sin más.
No sé cuántas veces habré tirado el dado del azar.
Sólo sé que en este arrebato de humildad, también; hablo mucho y digo poco. Hablo por hablar
Las noches pasan cada vez más lentas, los días por igual.
Y aquí sigo, esperando un golpe de suerte que dfícilmente va a tocar.
Pasaré sin pena ni gloria por la historia de este mundo, cómo aquella estrella; sutil, fugaz.
Porque como siempre, hablo mucho y digo poco. Y a veces, digo sin hablar.
No necesito el calor de tu llama, ni las risas de verdad.
Tan sólo quiero decir un poco más sin si quiera hablar.
Y las horas se escurren entre los dedos de mis pies, como arena de las playas de un ayer en el olvido.
Y aquí os dejo, testimonio de lo vivido, palabras que el viento un día se llevará.
lunes, 25 de marzo de 2013
Be whoever you have to be.
Your strange way of turning right to wrong and vice versa.
The view from the afternoon trough your dark small sad eyes.
I think you have your head twisted around, looking for something you don't get to know, far, far away from there you want to go.
But you know, great expectations aren't so bad, even if you think so.
Those weird manners you have to say ''I love you''. Those silly little things you use to do.
I hate the way you make me want to break down the corners of the world.
But in your eyes, there's something that says me, that beside this throng of shit and dirt, there's life.
Life, that's the point. They say you only live once, but I don't think so. Remembering is living twice and again.
And I remember the day you said it was stupid to fall in love, to surrender and give yourself to someone else.
You lied, and every single time, you lie once and again, pretending to be the person you're not.
But beside those frowns and those hesitates, there's something special about you that makes me wanna hold your hand.
Cuz' even if you try not, you're in some way my redemption.
The view from the afternoon trough your dark small sad eyes.
I think you have your head twisted around, looking for something you don't get to know, far, far away from there you want to go.
But you know, great expectations aren't so bad, even if you think so.
Those weird manners you have to say ''I love you''. Those silly little things you use to do.
I hate the way you make me want to break down the corners of the world.
But in your eyes, there's something that says me, that beside this throng of shit and dirt, there's life.
Life, that's the point. They say you only live once, but I don't think so. Remembering is living twice and again.
And I remember the day you said it was stupid to fall in love, to surrender and give yourself to someone else.
You lied, and every single time, you lie once and again, pretending to be the person you're not.
But beside those frowns and those hesitates, there's something special about you that makes me wanna hold your hand.
Cuz' even if you try not, you're in some way my redemption.
viernes, 3 de agosto de 2012
Que nos señalen con el dedo al pasar.
Noches de frio y calor. Noches de soles que nacen alrededor.
Noches de sonrisas tristes, de caricias cómplices de aquel beso que nos unió.
Quiero risas de madrugada, mañanas de puro apagón.
Esmalte de uñas del roto, escondernos tras el colchón.
Miradas de esas que matan, al son de Pereza y ron.
viernes, 20 de julio de 2012
C. de Cambio, de Catástrofe, de Casa.
Llegó el día. Esperado pero no anhelado. Acechando sigiloso tras la puerta de la habitación. Por las calles, los rincones, los pliegues de las sábanas, los pies de página, la sonrisa anhelada. El día en el que las teclas imprecisas de este cacharro al que algunos llaman progreso, no sirven para hablar. Ya no dicen nada, ya no queda nada. Sentimientos fluyen, van y vienen, bailan, sonríen, se enfurecen. Pero aquí, en las frías letras de tinta simulada, de tinta Times New Roman o Arial Black imaginada; aquí, en la pantalla fluorescente, las palabras se tornan inciertas. Mis dedos se acostumbran al sigilo de las teclas, su sonido procesante, de máquina de escribir moderna. Pero no, ya no es lo mismo, ya no queda nada.
Esa voz que suena a sonrisa, esa mirada que torna a risa, ese tímido llorar en momentos como aquel. Esas cosas las perdimos hace tiempo. Y la culpa la tiene eso a lo que nuestros abuelos llaman Internese. ''En mis tiempos... '' Sí, en tus tiempos, abuela. En tus tiempos a pesar de la míseria exterior, había riqueza interior.
No como ahora, que parece que ese rol lo hemos invertido, llevándolo al extremo del absurdo innecesario.
Me indigno, me frustro, me fumo un cigarro, y vuelta a empezar. Blandiendo batallas contra muros de papel.
Papel el de las páginas que gasto contando a ese alguien que quizás nunca me escuche las contiendas.
No hablo de Dios, no, que va, de Dios sólo me acuerdo en momentos de desesperanza o alegría máxima.
Y bueno, que más da, al menos lo confieso, me muestro tal que así, transparente y frágil.
Con manías, no demasiadas, y defectos varios propios de el ser humano que soy. Y que más da.
Si no nos queda nada, más que seguir luchando contra la superficie que no nos deja llegar al fondo.
Pero en tus ojos veo amor. Y eso no es poco.
Quédate conmigo un rato más, que el verano se hace corto y las noches demasiado largas.
Esa voz que suena a sonrisa, esa mirada que torna a risa, ese tímido llorar en momentos como aquel. Esas cosas las perdimos hace tiempo. Y la culpa la tiene eso a lo que nuestros abuelos llaman Internese. ''En mis tiempos... '' Sí, en tus tiempos, abuela. En tus tiempos a pesar de la míseria exterior, había riqueza interior.
No como ahora, que parece que ese rol lo hemos invertido, llevándolo al extremo del absurdo innecesario.
Me indigno, me frustro, me fumo un cigarro, y vuelta a empezar. Blandiendo batallas contra muros de papel.
Papel el de las páginas que gasto contando a ese alguien que quizás nunca me escuche las contiendas.
No hablo de Dios, no, que va, de Dios sólo me acuerdo en momentos de desesperanza o alegría máxima.
Y bueno, que más da, al menos lo confieso, me muestro tal que así, transparente y frágil.
Con manías, no demasiadas, y defectos varios propios de el ser humano que soy. Y que más da.
Si no nos queda nada, más que seguir luchando contra la superficie que no nos deja llegar al fondo.
Pero en tus ojos veo amor. Y eso no es poco.
Quédate conmigo un rato más, que el verano se hace corto y las noches demasiado largas.
miércoles, 30 de mayo de 2012
Palabras, que el viento no se lleva.
Revuelvo entre mis cosas en busca de un pequeño cuadernito de notas ya casi olvidado. Lo encuentro, lo abro y busco ansiosa aquel texto que prometi algun día dedicar.
Va por una pequeña pero gran personita. Por que muchas veces, lo pequeño, es grandioso; porque sabemos de sobra, que detrás de todo eso que parecemos, hay cosas asombrosas, increibles.
Se lo dedico, porque, a pesar de todos esos malos encontronazos y enfados, la amistad y las ganas de vivir, han ganado.
Izaskun, anda, va por ti.
''Como Neruda bien dijo un día, es tan corto el amor y tan largo el olvido.
Hace ya más de seis meses que me es imposible deslizar una pluma sobre una hoja de lo que antes era un árbol, vivo y fuerte; noble, robusto. Hace ya demasiado tiempo que las palabras me las robó el viento y las lágrimas el mar, que mi sonrisa se la guardó el sol en el bolsillo, y mi voz, ay de mi voz. Ya no afloran a mis labios palabras dignas de ser escritas sobre papel, no, ya no.
Es como si parte de mi se hubiera
marchitado; como si parte de mi hubiera muerto. Como si un vil pillo me hubiera robado la inspiración y se la hubiera llevado lejos, muy lejos.
Hace ya quizá demasiado, que de mis labios no brota ni florece una sonrisa, y al compás del baile de mi boca, mis ojos lloran de emoción.
Perdí la capacidad de admirarme por lo bello, y no sólo por lo bello, no; sino por lo que aparentemente no lo es; por todas esas pequeñas e insignificantes cosas que dan sentido a esta existencia tan absurda. No encuentro culpable al que acusar de mi pena; así que simplemente me limitaré a echarle la culpa al tiempo.
Pues oí a un viejo sabio decir que ''El tiempo, no nos hace más sabios; tan sólo más cobardes.''
jueves, 26 de abril de 2012
Ein nicht so unerreichbares Traum.
Es war kalt, bitterkalt; ziemlich kalt. Ein unerklärbares Instinkt flüsterte ihr ins Ohr ihm zu berühren. Aber sie konnte doch nicht; sie, in irgendwelche Art und Weise, ''dürfte'' nicht. Tiefer Atem und der Rauschen und Murmeln des Windes gegen die Baumblättern; war den Soundtrack dieses Moment. Ihre Hand berührte das Gras, langsam, streichelnd, wie verschlafen. Es war ein gemütliches Herbst Abend, sanft; berührend.
Plötzlich, etwas, seine dunlkle, raue, sanfte Stimme brach das Eis.
''Schau mir Mal an, Du.'' flüsterte er; fast unverständlich. Sie drehte ihren Kopf um un guckte an ihn, nervös, aufgeregt. ''Was?'' konnte si nur artikulieren. Er blieb nur still, ohne eine Antwort auf ihre dumme Frage zu geben. Seine ruhigen, sanftigen grünen Augen begegneten ihre; diese zwei dunkle, blitzende, wie glühende Kohlen. Ein elektrisches Gefühl durchfloss ihre Wirbelsäule. Er lächelte, besser gesagt, halblächelte. Dieses Lächeln schaffte sie. Sie fing an zu zittern; und es war nicht die kühle Nacht was sie zittern machte. Es war ihn.
Sie konnte es nicht fassen das sie beide jetzt dort wären, dort, zusammen. Sie biss sich die Unterlippe, blickte eine andere Richtung. Plötzlich spürrte sie seine Hand ins Gesicht, er streichelte sie indem sein Gesicht ein
änigmatisches Lächeln bildete. Sie zitterte weiter; atmete tiefer. Und dann, in diesem prezissen Moment, es geschah. Ihre Lippen fassten sich an und ein unendliches Kuss verhaftete Ihnen.
überraschend fand sie sich selbst im Bett, schwitzig, unangenehm; un dann bemerkte sie das alles ein alberne Traum gewessen war. Lustlos stand sie auf und schaute auf die Uhr. Fünf Uhr Morgens. Sie zündete sich eine Zigarrete und ging Kaffee machen. Wasser kochte im Kochtopft. An anderer Seite des Landes er runzelte die Stirn und fragte sich wegen diesen komischen Traum, noch eine Zigarrette die sie sich anzündete und ein Telefon das es sich abhängte.
miércoles, 28 de marzo de 2012
Ojos que no ven; Corazón que sí siente.
Podría decirse que mi hábitat natural, de algún modo, acabó siendo la noche. Vivía las madrugadas hasta que el sol rozaba el horizonte con sus rayos y rasgaba el cielo, convirtiéndolo así en una eterna paleta de colores.
Sólo me quedaba un rato más para ''observar'' como el pálido lila y el vívido naranja hacían esa increíble mezcla perfecta entre ellos, esa fusión maestra. Sonreía de lado y en ocasiones, no sé bien si por el cansancio acumulado o por la emoción del instante, una pequeña lágrima surcaba senderos mejillas abajo.
Mientras tanto, durante las horas cubiertas de polvo de estrellas, yo vagaba por las calles angostas de esa ciudad, adoquines descarriados bajo mis pies, y luces de neón que que cubrían todo con su luz. Colillas de cigarrillos se amontonaban, peleándose unas con otras en las esquinas de las calles. Inhalaba el aire nocturno. Era puro, era fresco, era frio. Cerraba los ojos, y una sucesión de imágenes se me venían a la mente, agolpándose, dándose patadas para ir pasando cada vez más rápido. De pronto, un sonido metálico me hizo volver en mi, a la tierra que tanto odiaba, al mundo al que en realidad, creía, no pertenecía. Siempre había pensado, que vivía de noche, porque no soportaba a la gente, y por eso evitaba al sol y lo que ello conllevaba. Llevar una vida común, normal; convivir con el resto de los mortales. No era cierto. Ese no era el verdadero motivo que me impulsaba a hacerlo. Pero eso ya lo descubriría más tarde. Levanté la vista, pero no vi nada. Ceguera la llamaban. Yo no la puse nunca nombre. Siempre me había gustado llamar a las cosas por otro nombre; ''eufemizandolas'' digamos. Pero la realidad era tan cruda, tan dura, tan desalentadoramente verdadera. Temía a la verdad, porque ello siempre implicaba problemas, y más en mi caso. Me negaba a ver las cosas como eran. Sí. También en el sentido literal de la palabra.
Después del accidente, mis manos, acabaron por convertirse en lo que antes fueron mis ojos. Y mi memoria; mi memoria siempre ahí. Para rememorar los colores, las formas, las sombras y los contraluces, los cambios de tonalidad, el surco, la herida; las cenizas de lo que antes era vida.
Ahora veía el mundo de otra manera. Mi mundo se guíaba por rugosidades, por tactos, por presiones e impresiones. Olores. Los olores eran mis nuevos colores, sólo que sin esa c, la ''c'' de ceguera. Sí.
Recuerdo que aquella noche olía a patatas fritas rancias. Por extraño que parezca, me encantaba ese olor. Era peculiar. Siempre que entraba en aquel bar, y pedía una ranción de patatas con queso, la boca se me hacía agua.
Eran mis pequeñas rutinas. Esa, y el banco de la esquina de aquel parque. Era mi pequeño punto de referencia. Pasaba gran parte de mis noches allí, hasta que calculaba que pasadas dos o tres horas, el alba se acercaba, acechando tras las montañas. Desde aquel banco, que mi memoria recordaba verde intenso, veía todo el parque, como en años atrás. Me descalzaba las roídas zapatillas de loneta grises y sentía el tacto de la hierba bajo mis pies.
Durante todas esas noches, la luna se convirtió en mi amiga. La susurraba secretos al oído, la consolaba con palabras de cariño. La sonreía y la lloraba. Y pensaba en mi antes, y en ese después rotundo e irrefutable.
Esa noche fue distinta. Esa noche cambió la panorámica de mi mundo, la perspectiva de mi existencia.
Después del sonido sordo y metálico, mis pies, como poseídos, tiraron hacia delante, paso tras paso, guiándose por el sonido de lo que parecía un contenedor de basura.
Me pareció llegar a un callejón. Mi bastón y mis manos no decían lo contrario.
Un hedor desagradable me inundo las narices. Olía a yogur agrio y a pescado podrido. Alguien rebuscaba entre la basura, lo notaba, notaba su presencia, y esa presencia era extraña, peligrosa en cierto modo. Un nudo se me ato a la garganta sin querer soltarse y de pronto, sin yo darme cuenta, algo que no era un nudo, se apoderó también de mi garganta. Era el filo de una navaja.
Las siguientes frases podrían haber sido un ''La bolsa o la vida'', pero ya no lo recuerdo. Fue todo tan intenso, que al final, acabé por desmayarme. Retales de una vida pasaron por mis ojos invidentes en milésimas de segundos. Tan solo recuerdo el sonido sordo de monedas en el suelo y alguien que corría lejos.
Al día siguiente, la luz del sol me despertó. Ese sol con el cual si concebía vida. Me ardía la frente, y las heridas internas. Me frote la cara con las manos, y fue entonces cuando como si de un milagro se tratase, volví a ver. Fue como si Jesús hubiera susurrado en mi oído un ''Lázaro, levántate y anda'', pero no tan literal.
Por su puesto, no veía; pero empecé a ver más allá de todo lo material. Hacía unas horas estaba a punto de perder la vida, y ahora, aquí estaba. Sin ojos, pero con vista. Me acordé de todo aquello que conseguía arrancarme una sonrisa de los labios, y como por inercia, empecé a sonreir, sin motivo alguno.
Aquel día, una luz se encendió en el mundo. La luz de mi mundo.
Un Edison que muere y una bombilla que se enciende.
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