Existen ciertas cosas en la vida que lo cambian todo de una manera casi mágica.
Son cosas aparentemente sin importancia, aparentemente vanales, superficiales y estúpidas, pero que en el fondo de su simple naturaleza, guardan un significado que se encuentra más allá de todas las palabras que puede contener un diccionario.
Habría que inventar una palabra para denominar una de esas cosas. Una palabra con la que supiesemos que ese algo tiene un ''no sé qué que qué sé yo'' que nos hace estremecernos.
La inocencia en la mirada de un niño. Una voz ronca, rota y dulce al mismo tiempo, que canta al son del himno de la vida. Un color mágico, nuevo para uno mismo, la forma de un edificio, en la cual nunca te habias parado a pensar. La persona correcta, en el momento y el lugar incorrectos. Un sabor, un olor que traen recuerdos a la memoria y evocan todas esas cosas del pasado. Una melodía, triste, melancólica y a la vez, con ese algo inexplicablemente esperanzador. Un juego de palabras que te sacan una sonrisa de los labios. Una pequeña broma del destino. Una mirada que parece no decir nada, pero que lo dice todo. Una sonrisa sincera, a corazón abierto. La profundidad del mar. El olor a pan recien hecho, el crujir de la gravilla bajo los pies, el sonido de la lluvia en los tejados de uralita. Una frase, una palabra extraña, que resuena como un eco en tu mente y abre la puerta a un interrogante. La banda sonora de el Rey León, de Carros de Fuego, de Titanic o Leyendas de Pasión. Una fotografia, el instante capturado para siempre.
Una película que consiga hacerte llorar y reir a la vez. El tacto de la arena mojada bajo los pies.
La rugosidad de las páginas de un libro. Los días grises. El sol metiendose entre las montañas. El vaho que sale de tu boca en los días de frio helador. Una caja olvidada que guarda recuerdos. El agridulce sabor de una pelea y su posterior reconciliación. Un beso. Una caricia. Un reproche cariñoso. El tacto de una camiseta vieja y desgastada. Tu plato prefrerido preparado con amor.
Perguntarse el por qué de ciertas cosas. La curiosidad hormiguenado en el estomago. El cansancio en los huesos, el hormigueo incensante en los ojos. Los abrazos de los mejores amigos. Las noches eternas, a orillas de un mar infinito.
El misterio de la vida.
Llamemos a esa palabra ''adivaledoiretsim''.
Lo he leido unas quincemil novecientas veces, y no me canso, y sigo sin creer que nadie se haya dignado a comentarlo. De hecho, me acuerdo de este rincón, asi me gusta llamarlo, cada tarde lluviosa de domingo con un portatil calentando mi regazo y café humeante templando mi destemplada nariz, y me paso a ver que hay de nuevo. Pero no, nada me llena de la misma manera, nada me saca esa sonrisa tonta por la que siempre acabo parada en este mismo post. Es tan pequeño, pero tan grande, es tan yo, tan tú, tan...''adivaledoiretsim''.
ResponderEliminarPero anónimo, dime quien eres, que somos almas gemelas.
ResponderEliminarLo acabo de leer ocho meses después. VUELVE. Espero que algún domingo vuelvas a entrar y leas este comentario.
Me has sacado una gran sonrisa con eso que has dicho, gracias, en serio.